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Showing posts from September, 2009

Recounting the Lottery

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When it was first published (by The New Yorker back in 1948), Shirley Jackson’s “The Lottery” received a lot of attention. The full text is available online, here, where it tops off the site’s list of “Twenty Great American Short Stories.” I read it in an anthology (Norton Anthology of Short Fiction). All of this speaks highly of the story’s enduring acclaim. However, I don’t think it’s aged well. (Please read the story before going on, because I’ll spoil the ending, on whose mystery the entire tale is propped up.)“The Lottery” creeps up on you: it starts as a seemingly bucolic celebration in a small town. You see people walking up to a wooden box and drawing slips of paper to see who’ll win the lottery. The person who wins gets stoned to death. It turns out to be a fertility rite.Both the way to pick people and the way to kill them sound very biblical. They are. There’s a strong sense hovering about that adulterers get stoned in the Bible. Well, yes and no. In Christ’s famous defense…

Llamadas perdidas

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El celular de Elsa no paraba de vibrar. El bolso entero se sacudía contra el espaldar del asiento. Ella descolgó el bolso del espaldar y lo tiró al piso, pero cayó contra una de las patas de la mesa. Así que en intervalos de cuatro segundos los vasos de agua sobre la mesa se arrugaban en anillos concéntricos. El gerente no se dio cuenta, aunque unos cinco subgerentes miraron a Elsa sin paciencia. Ella se agachó, fracasando en el intento de ser discreta. Los vasos no dejaban de tiritar. Elsa pellizcó el bolso, lo arrastró sobre sus piernas, lo plantó sobre su regazo. Se arrepintió de haber comprado una cartera con un cierre tan grande. ¿Quién diablos se la había recomendado como lo último entre “jóvenes ejecutivas”? Lo abrió por poquitos, haciendo que sus movimientos coincidieran con las palabras que el gerente decía al fondo de la sala. De todos modos se oía cada gruñido del cierre; también el celular, que seguía vibrando. Elsa deslizó la mano dentro del bolso. Sintió las llaves y el …

An Iffy Post: DFW on Grammar

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“Most dictionaries’ usage notes for if are long and involved; it might be English’s hardest conjunction. From experience born of repeated personal humiliation, I can tell you that there are two main ways to mess up with if and make your writing look weak. The first is to use if for whether. They are not synonyms—if is used to express a conditional, whether to introduce alternative possibilities. True, abstract grammatical distinctions are hard to remember in the heat of composition, but in this case there’s a great simple test: If you can coherently insert an ‘or not’ after either the conjunction or the clause it introduces, you need whether. Examples: He didn’t know whether [or not] it would rain; She asked me straight out whether I was a fetishist [or not]; We told him to call if [or not? no] he needed a ride [or not? no]. The second kind of snafu involves a basic rule for using commas with subordinating conjunctions (which are what if is one of). A subordinating conjunction signals…

Pequeñas resistencias

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“Las novelas —aunque no todas— venden más; los cuentos —aunque con excepciones— venden menos. ¿Son acaso por eso mejores las novelas? ¿Es justo seguir presentando como argumento literario lo que es una simple jerarquía comercial? Muchos de los abajo firmantes no sólo no nos oponemos a las novelas, sino que además las hemos escrito y publicado. Y a pesar de eso, o quizá por eso mismo, quisiéramos expresar nuestra perplejidad ante ese arraigado fenómeno que podría denominarse la oficialización de la —supuesta— inferioridad del cuento. Una cosa es que todos estemos más o menos sujetos a las leyes del mercado, y otra bien distinta es confundir el valor con las ventas, los méritos con los numeritos, el cuento con el cuánto”. (De: “Manifiesto: La Rebeldía Breve”, incluido al inicio de Pequeñas resistencias)
Hace poco conseguí los volúmenes que integran la serie de antologías llamadas Pequeñas resistencias, que recorren el mundo hispanoamericano, empezando en España y terminando en Puerto Rico.…

Dos sobre la escritura / Two on writing

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“el elemento que más ha coadyuvado a establecer ese espíritu de cuerpo entre los neopoliciacos iberoamericanos ha sido una común postura estética que de algún modo los define y los caracteriza a todos: la de saberse contadores de historias, creadores de fábulas sobre la sociedad contemporánea y la de trabajar con la intención de romper los elitistas códigos de la literatura escrita para otros literatos, que tanto abunda y aburre en nuestros panoramas editoriales. Empeñados en sostener que la aventura es la sustancia de la mejor novelística de todos los tiempos —desde el Quijote a nuestros días—, estos autores han establecido una doble comunicación con el mundo que los rodea: primero al tomar de ese universo las historias de que se nutren y luego al devolverlas ya escritas al ámbito real en que viven esos seres necesarios —a veces olvidados por muchos escritores— que son los lectores” (p. 21).
Leonardo Padura Fuentes, “Miedo y violencia: la literatura policial en Iberoamérica”. Variacio…

Dos breves repiques del boom

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Una amiga, muy buena lectora, me dijo que le había pasado algo curioso con Cortázar: todo lo de Cortázar que leyó en su adolescencia le encantó; todo lo que ha releído ahora, unos años después, la ha desencantado.Había pasado un tiempo desde que leí a Cortázar, así que me propuse probar esto conmigo mismo. Me senté con un puñado de sus cuentos. Indudablemente, los textos son de un gran dominio técnico. Cortázar genera universos paralelos, que se intersecan real o imaginariamente, con gran facilidad. Produce momentos de humor (con instrucciones propias de un manual descabellado, como en “Conducta en los velorios”) y nos lanza detalles sugerentes con desenfado. ¿Qué tal la despreocupada desintegración del matrimonio de Marini en “La isla a mediodía”, o sus planes para apoderarse de la isla? El universo de “Autopista del sur” es acertadamente minucioso. Lo más instructivo fue devolverme a encontrar el punto exacto en el que las historias se desdoblaban, el momento en que los textos nos e…

Microterror

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Por una serie de recomendaciones indirectas llegué hace poco a Ajuar funerario, del peruano Fernando Iwasaki (Madrid: Páginas de Espuma [2004], 126 pp.). (El texto completo, en un formato distinto al publicado, está aquí). Ajuar funerario es un libro de micronarrativa: en 109 páginas de texto se acomodan 89 microrrelatos, ninguno de ellos de una extensión superior a las dos páginas, algunos de unas pocas líneas. Esto, en principio, me genera desconfianza; los microcuentos caen fácilmente en el género de los chistes o los forwards. Este fue el caso de por lo menos uno de los textos del libro; el resto logró un equilibrio cuando menos interesante con la economía verbal que el autor se autoimpuso.Además de ser un libro de micronarrativa, Ajuar funerario es una obra de literatura de terror. O al menos ese es el propósito declarado (la contraportada dixit). Todos, o casi todos, los textos gravitan en esa dirección. Sin embargo, el registro que logran no siempre es el terror. Los temas son …

No Samplers Left Behind

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Just a quick note to complete unfinished business: when I posted some comments on McSweeney’s 31, I mentioned it came with a “summertime sampler.” I said I’d probably talk about this sampler later. So here’s later.The sampler is 16 tabloid-sized pages long, and it includes samples from three novels published by McSweeney’s: Bill Cotter’s Fever Chart, Jessica Anthony’s The Convalescent, and James Hannaham’s God Says No. You can read shorter samples of the first two of those novels here and here.I guess a sampler is meant to entice you, so that you can’t wait to get your hands on the full-length novel. With that in mind, the only sample that made me want to read ahead was that of Cotter’s Fever Chart. It’s about a man who recently left the Boll, a psychiatric center. All sorts of foul things happen to him on the outside, from a house without a heater in winter to the same house, whose heater doesn’t switch off now and is thus out to spew mattresses in balls of fire. Another patient, Mar…

On This Summer's Zoetrope

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Last week I got a copy of the Summer 2009 edition of Zoetrope: All-Story. Sure, I had read stories from Zoetrope before (here’s one I commented on a couple of weeks ago), but I had never held the print edition in my hands. It has a striking cover, and the pages are filled with photography. This abundance of images makes the slender volume quite tiny: there are six short stories in all, one of them two pages long. (About the artwork, well, it’s contemporary; some of the blobs of paint dripping on pages 27-28 were interesting. The guest designer was Antony, from Antony and the Johnsons.)After I read the first story, I thought I’d be disappointed by this edition. Boy was I wrong. The following four stories were all superb.The first story was “At the Airport,” by Ryu Murakami. A woman is waiting at the airport for a customer who’s grown into her lover and with whom she is now planning to elope. She is divorced, one of the details about her life that we learn as she fills her time with sca…

Cuentas

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[Este cuento se retiró temporalmente del blog].

Pamuk’s Distant Relations

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“Quaint” was probably not what Nobel laureate Orhan Pamuk was aiming for with the story “Distant Relations,” published in a recent edition of The New Yorker. (The story is available here.) But “quaint” was the sense I got after reading it.It’s not a bad story. In fact, it kept my interest from start to finish (it’s seven pages long). I wanted to find out the nature and impact of a life-changing event mentioned in the opening sentence. The story is narrated by Kemal, a Westernized Turkish man, who remembers events that happened in Istanbul in the seventies. He’s about to get married to Sibel, a woman who “studied at the Sorbonne” (meaning that she studied in Paris). Kemal is the son of a wealthy and seemingly emotionally detached entrepreneur; Sibel is the daughter of a former ambassador. They have premarital sex, which makes them feel wild and liberal—while also making sure that, when she indeed “gave herself” to the narrator, wedding plans were on the way.What seems quaint to me is t…

Short Story Month: What Just Happened

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So it’s over. This self-proclaimed short story month, I mean. I went through with it in probably one of my busiest months this year (there were duties everywhere), but I wanted to keep my word, and thus step in on day one and step out 31 posts later. The posts differed: some referred to a single story, some to a couple, some to a whole anthology or a full issue of a literary magazine. I did my best to keep them interesting, at least, and I hope it worked. The aim was to honor the short story, a post a day. I’ll have to take a couple of days now to, you know, breathe and all, after which I’ll post something like a short retrospective.For now, here were the subjects of posts in English (missing numbers are found in the next list, below):1. Toni Cade Bambara’s “Raymond’s Run”2. Daniel Alarcón’s “A Circus at the Center of the World”3. Joshua Ferris’s “The Valetudinarian”4. Tim O’Brien’s “The Things They Carried”5. The Best American Nonrequired Reading 20087. Aaron Gwyn’s “The Gray”8. Etha…