María Fernanda Ampuero, “Subasta”


María Fernanda Ampuero, “Subasta” (Pelea de gallos: Páginas de Espuma, 2018)

¿Qué es? Una mujer recuerda la infancia que pasó en medio de peleas de gallos, recogiendo gallos destripados y buscando formas de evitar que los galleros la manosearan y la miraran con lujuria. Estos recuerdos le llegan mientras espera, con la cabeza metida dentro de un trapo, a que la subasten: el taxista la secuestró y la llevó a un sitio donde venden a las personas a otros que las robarán o las violarán. Al final, cuando el turno le toca a ella, se cubre en sus propios excrementos. Recuerda de las peleas de gallos que los galleros les tenían repulsión a los excrementos y las vísceras de los gallos, así que usa eso ahora para que no la compren. No la compran.

¿Qué me gusta? La narración y la historia. La narración es ágil, pasa de un lugar y de una preocupación a otra rápidamente. Caracteriza a ciertos personajes con un trazo o dos. Hace comentarios sociales sin detenerse en ellos, como cuando a un hombre a quien van a robar lo venden más caro que a una mujer a la que van a violar: “El sexo es más barato que la plata” (p. 17).

La manera en la que explican la situación es buena, porque queda muy claro lo que está pasando, sin que intervenga una omnisciencia o una explicación inverosímil de un maleante: uno de los secuestrados lo comenta, diciendo que había oído de eso, pero pensaba que era un mito (p. 13).

La narración a veces suelta un episodio sin explicarlo a fondo; funciona bien en el contexto. Por ejemplo, la narradora cuenta por qué estaba agotada y triste en el taxi en el que se quedó dormida: por un encuentro en un bar con un “hombre por el que tenía que fingir amistad” (p. 14). No explica mucho más que eso.

Por otra parte, la historia en sí es fuerte y logra una buena dosis de tensión. No es una situación fácil de olvidar. La solución que encuentra la narradora tampoco.

¿Qué no me gusta? La parte inicial, sobre las peleas de gallos cuando la narradora era joven. Está bien narrada. Ella dice que lo provocan los olores del sitio, lo que resulta creíble. Y es creíble que la narradora llene la cabeza con recuerdos mientras espera su destino en un contexto tan horrible. Pero la narración del pasado parece estar ahí solo para ayudarnos a entender lo que ella hace al final. No se siente, pues, como el atropello de recuerdos de una persona en una situación horrible, sino el “back story” preciso que necesitaba el cuento para darle contexto al final de la historia.

Con el cuento como está, es difícil imaginarlo sin las peleas de gallos. Pero me hubiera gustado más que esos recuerdos fueran tan dispersos como otros recuerdos que surgieron naturalmente dentro de la narración, y no funcionaran como una introducción, un excurso, por interesante que sea. Es un buen cuento, de todos modos. Me pregunto si hubiera sido aún más fuerte si, a pesar de los excrementos, la subasta se hubiera concretado y la narradora hubiera tenido que correr una suerte como la de los otros.

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